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viernes, 26 de marzo de 2010

De regreso

Ya era hora de que regresara a este blog. Desde que me uní al Facebook, he dejado de dar noticias por aquí por andar actualizando mi status, pero me hace falta llevar este blog, con reseñas más detalladas de lo que pasa en mi vida.

Desde noviembre que escribí aquella nota, en cuestión de viajes, estuve dos veces en Mumbai, 2 veces en Agra, estuve de viaje por el Rajasthan, en Bangkok, en Nepal, en México, Canadá, Chennai, Pondicherry. En fin, de di mi vuelta.

Ya les pondré fotos, pero desde que estamos aquí, vivimos un fenómeno que no se puede explicar solo con fotos. Las fotos, aunque valgan mil palabras, no son suficientes en la India. Para poder explicar lo que uno vive, las fotos tendrían que envolver al lector, no solo con su impacto visual, pero con todo aquello que vive el fotógrafo. Si pudiéramos entrar en la imagen, lo que viviríamos sería un asalto brutal de olores, formas, temperatura, sonidos, movimiento. Todo se mueve, todo huele, todo grita, pita, llora, ríe, todo te toca, desde la espesura del aire hasta la niña que toca en la ventanilla del auto, todo se te encima, sin que puedas resistir, y de pronto te das cuenta de que no hay manera de salirte de esto. Te das cuenta de que estás en la India.

Diariamente vives contrastes, oposiciones, contradicciones. En un país de 1100 millones de habitantes, parece natural que no seas más que un grano de arena en el mar, que te desaparezcas en la muchedumbre. Y no. Nunca te desapareces, siempre hay alguien que te vendrá a saludar, quien te interpele, quien te llame, quien casi te arrolle con el auto, la moto, la bicicleta.

De repente te hartas y te quieres salir, quieres huir, despertar y abrir los ojos en una isla desierta, templada, silenciosa en donde tú eliges que es lo que te invade, cuando tú quieres. Pero para lograr esto, la batalla no es sencilla. De repente te das cuenta de que este caos en el que bañas te va dejando limpio de todo lo que traes de occidente, te das cuenta de que el país te ha penetrado la piel, la carne, los huesos y como en cualquier otra parte, te das cuenta que ya eres de aquí. Aunque en realidad nunca lo serás.